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Según se cuenta en esta novela, en la primavera de 1945, Alfonso Reyes, el laureado escritor mexicano, supo casualmente de una cocinera prodigiosa, conocida en su pueblo como la tía Chole. Valiéndose de sus dotes de seductor, don Alfonso convenció a esta singular mujer para que se ocupara de su cocina personal y aquel año, "el de la envidia encarnizada", la tia Chole se volvió la estrella del mundillo cultural de la ciudad de México. Quien más, quien menos, todos aquellos que fueron invitados a las apoteósicas cenas que se organizaron en la casa de Reyes, sucumbieron bajo el influjo de la personalidad y los platillos de la cocinera; entre ellos, Salvador Novo literalmente enloqueció de envidia en el preciso instante en que degustó el caldillo de uno de aquellos guisos, y después de recitar su hoy alabado verso: "Es de los Reyes descendientes, eso lo sé, pero no atino a saber si será Alfonso sobrino, o sencillamente sobrante", juró que no cejaría hasta llevarse a trabajar a su cocina a la tía Chole, dando pie a uno de los episodios más controvertidos y chuscos de nuestra historia cultural, del cual, desgraciadamente, nos han quedado sólo unos pocos testimonios.

Basado en la correspondencia de su tío abuelo, Uriel Eduardo Alatriste (quien narra las peripecias de esta divertida novela), el autor hace desfilar por estas páginas a las grandes figuras de la cultura mexicana del medio siglo: Reyes, Novo, Villaurrutia, Lupe Vélez, Torri, Rivera, Henríquez Ureña, y Píta, la divina Pita, paradigma de la mujer intelectual liberada de la Revolución. Personajes entrañables todos, en los que frecuentemente coincidían pasiones atormentadas y una personalidad a todas luces genial y contradictoria.
Entrevistas, críticas o artículos
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